El sistema de transporte público de Neuquén capital, a través de COLE, registra un crecimiento del 50% en sus operaciones diarias, contrastando marcadamente con la situación del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), donde se observa una reducción de unidades de entre el 30% y el 40%. Esta disparidad pone de manifiesto dos modelos de gestión y proyección de un servicio esencial, que en Argentina se ha convertido en un termómetro económico, político y social.
Mientras en el AMBA la disminución de colectivos se atribuye a una ecuación desfavorable marcada por la caída de subsidios y el aumento de costos, generando esperas más largas e incertidumbre para millones de usuarios, en Neuquén el sistema ha avanzado en sentido contrario. El incremento en la cantidad de servicios activos y la ampliación de la cobertura son indicadores de una política de Estado implementada por la administración del intendente Mariano Gaido desde hace seis años y medio.
La diferencia en la experiencia de usuario es otro punto clave. En Neuquén, un 73% de los pasajeros viaja sentado, lo que sugiere que el sistema no está saturado. Además, la mitad de los pasajeros percibe las unidades en buen estado y un porcentaje similar afirma viajar con comodidad, reflejando una experiencia de uso más estable y previsible.
A pesar de los avances, COLE enfrenta desafíos concretos, como la mejora de frecuencias en horas pico y la extensión de la cobertura a zonas con menor acceso. No obstante, la diferencia fundamental con el AMBA reside en que en Neuquén el debate se centra en cómo acompañar el crecimiento urbano, a diferencia de la problemática de retracción y deterioro operativo que afecta a la capital del país y sus alrededores.
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