Este 14 de julio, el santoral católico rinde homenaje a San Camilo de Lelis, una de las figuras más destacadas de la caridad cristiana que revolucionó la asistencia a enfermos en los hospitales del siglo XVI. Nacido en los Abruzos italianos en 1550, Camilo transformó por completo el trato que recibían los pacientes más desvalidos al fundar la Orden de los Ministros de los Enfermos.
Su vida comenzó marcada por la turbulencia. Camilo tuvo una juventud caracterizada por su carácter agresivo y una fuerte adicción al juego de azar. Todo cambió en 1575, cuando decidió consagrar su existencia al cuidado de los moribundos. Tras sufrir una dolorosa herida ulcerosa en su pierna, su camino espiritual comenzó a despertar y su conversión fue definitiva.
Al ingresar al hospital de Santiago en Roma, el santo constató el trato inhumano que padecían los enfermos. Movido por una inmensa caridad evangélica, fundó una congregación cuyos miembros vistieran una gran cruz roja en el pecho, comprometiéndose a servir a los enfermos incluso a riesgo de contraer pestes mortales. La tradición eclesiástica documenta milagros en vida, como la multiplicación de alimentos durante una hambruna que azotó a Roma y la capacidad de apaciguar dolores mediante la imposición de manos.
Las crónicas antiguas destacan también el milagro de la palabra que Camilo desplegaba ante los moribundos desahuciados. Su ternura pastoral lograba conmover los corazones más endurecidos, generando conversiones de última hora y devolviendo esperanza a miles de personas que fallecían rodeadas de amor cristiano y dignidad.
La Iglesia proclamó a San Camilo de Lelis como patrono celestial de los hospitales, los enfermeros y los enfermos terminales. Su fiesta litúrgica invita a la comunidad eclesial a reflexionar sobre la humanización de la medicina, un legado que trasciende los siglos.
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