En el marco del Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia, la marcha en Neuquén no solo conmemoró los 50 años del golpe cívico-militar, sino que también se convirtió en un espacio de diálogo intergeneracional. A medida que miles de neuquinos se reunían para reclamar «Memoria, verdad y justicia», la presencia de jóvenes y adolescentes se destacó como un signo de renovación y esperanza en la lucha por los derechos humanos.
Los testimonios de los participantes reflejaron un sentido de urgencia por transmitir la importancia de la memoria histórica. Rubén, de 63 años, expresó su satisfacción por la activa participación de los más jóvenes, mientras que Edith, de 76, hizo hincapié en la necesidad de mantener vivas las banderas de la memoria. Este intercambio entre distintas generaciones subraya cómo el legado de la lucha por la justicia se está pasando de padres a hijos, convirtiendo a la memoria en un valor compartido.
Los jóvenes, como Nicolás y Laura, también aportaron sus perspectivas sobre la importancia de recordar el pasado. Nicolás, pese a estar enfermo, salió a marchar porque siente que es su responsabilidad continuar con la lucha de las Madres de Plaza de Mayo. Laura, por su parte, instó a sus pares a reflexionar sobre la normalidad actual, recordando que la historia puede repetirse si se olvida. La participación de Milagros, una estudiante de 14 años, enfatizó aún más esta necesidad, recordando que la memoria es crucial para entender el presente y construir un futuro mejor.
La marcha del 24 de marzo se convierte así en un símbolo de cómo la lucha por la justicia y la memoria trasciende generaciones, uniendo a los ciudadanos en un objetivo común: garantizar que las atrocidades del pasado no se repitan.
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