Los niveles altos de morosidad en las familias argentinas dejaron de ser un fenómeno transitorio y se extenderán hasta 2027, según alertan expertos en base a datos privados. En abril, la mora de los hogares alcanzó el 12,1% y continuó creciendo al 12,7% en mayo, marcando récords en los últimos 16 años. El Gobierno de Javier Milei había atribuido la morosidad a un carácter temporario vinculado a la expansión del crédito, pero la realidad muestra una inercia que llevará el problema hacia el próximo año.
La consultora Eco Go explica que el problema radica en la carga financiera, una variable que sintetiza los ingresos, el nivel de endeudamiento y la tasa real. Esta carga saltó del 17% en 2024 al 30% de la masa salarial en el presente, lo que refleja un rápido deterioro de la capacidad de pago de las familias. A diferencia de otros períodos económicos recientes, esta carga no logra licuarse ni por inflación ni por tasas de interés que permitan refinanciamientos a menor costo.
El ahogo financiero está traccionado por una tasa de interés real promedio del crédito de consumo que se sostiene en niveles del 58%. Esta combinación de variables anticipa el comportamiento de la mora con siete meses de rezago, lo que significa que será «poco probable» que la presión sobre los bolsillos caiga en los próximos meses y se sienta en los niveles actuales pasado el fin de año.
Los expertos advierten que la morosidad es un indicador que no permitirá crecer con el crédito como motor de la economía, como busca el plan oficial. Con un fuerte componente de consumo, las familias son las protagonistas de esta estadística que marca un límite a las expectativas de un rápido rebote económico.
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