La industria manufacturera argentina enfrenta una crisis profunda mientras el efecto sándwich —presión simultánea de costos energéticos en aumento y caída del consumo— destruye la rentabilidad de las pymes. Un informe sectorial proyecta la pérdida de 105.000 empleos para 2026, distribuidos en 60.000 puestos directos y 45.000 indirectos, en medio de una recesión que golpea el empleo formal con particular intensidad.
El Índice de Producción Industrial (IPI) manufacturero registró una caída interanual del 5,7% en mayo, según datos de la consultora I+D dirigida por el ex presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Diego Coatz. Aunque el indicador general mostró una leve mejora mensual desestacionalizada del 0,4%, el sector acumula una caída del 3,1% en lo que va de 2026 y se ubica un 14,5% por debajo de su pico de la última década. Referentes industriales alertaron que «echamos empleados todos los días y no solo pasa en las pymes».
El ministro de Economía, Luis Caputo, festejó la suba marginal de la producción como un amesetamiento, pero los industriales la interpretan como evidencia de una crisis profunda. El fenómeno «serrucho» de la actividad evidencia distorsiones que recalentaron el clima en el círculo rojo productivo, especialmente cuando se compara el escenario actual con la última década, incluso considerando el impacto de la pandemia.
Mientras los sectores extractivos son los ganadores del modelo de Caputo y el presidente Javier Milei, los empresarios manufactureros denuncian que no tienen margen para resistir. Un dueño de empresa con negocios diversificados advirtió que atraviesan «momentos de crisis total» a la espera de cambios estructurales como la reforma tributaria, que el Fondo Monetario Internacional solicita pero el Gobierno no implementa. «Si me funden en una fábrica, me mantengo con otra. Pero los empleados son cada día menos», señaló.
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