El cóndor andino (Vultur gryphus) es más que una ave; es un emblema de la Patagonia neuquina y el ave carroñera más grande del mundo. Su vuelo silencioso abarca desde el nivel del mar hasta alturas que superan los 7,000 metros en la cordillera, convirtiéndose en una parte inseparable de la identidad patagónica. Su presencia majestuosa no solo embellece el paisaje, sino que también desempeña un papel crucial en el equilibrio del ecosistema.
Este gigante del cielo tiene la importante tarea de alimentar su dieta de animales muertos, actuando como un limpiador natural del ambiente y ayudando a prevenir la propagación de enfermedades. Sin embargo, su situación es preocupante: a nivel global, el cóndor andino es considerado vulnerable, y en Argentina, está catalogado como amenazado. En la provincia de Neuquén, la situación es aún más crítica, ya que se encuentra en peligro, principalmente debido al envenenamiento por pesticidas y la intoxicación por plomo.
Para abordar esta problemática, en mayo de 2023, el Gobierno de la Provincia del Neuquén firmó un acuerdo de cooperación con la Fundación Bioandina Argentina, declarando a las Áreas Naturales Protegidas (ANP) como Santuarios del Cóndor. En estos espacios, se trabaja activamente para proteger la especie y preservar su ecosistema. Neuquén también se unió a censos simultáneos de cóndor andino junto a Mendoza, realizando relevamientos cuatro veces al año para monitorear la población de estas aves en el territorio.
Los lugares como el Mirador de Cóndores, a 30 kilómetros de Junín de los Andes, y el mirador La Puntilla cerca de Las Ovejas, son ideales para observar a estos majestuosos pájaros en su hábitat natural. Ver un cóndor en vuelo es recordar la grandeza del paisaje patagónico y la necesidad de cuidar de la naturaleza, respetando su equilibrio y tiempos. Este símbolo vivo del Neuquén sigue desafiando las alturas, recordándonos la importancia de su conservación.
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