Patricia Pasaron acaba de obtener la escritura de las tierras donde desarrolló Alfajores Del Montañéz, el emprendimiento que fundó hace más de treinta años en Villa Traful y que se convirtió en sinónimo de identidad local. La adquisición de la propiedad marca un hito en la historia de este negocio que comenzó por necesidad económica en 1992, cuando ella empezó a cocinar tapitas de alfajores en una cocina a leña.
Lo que nació como una «changa» se transformó en medio de vida. Patricia recuerda el momento en que se dio cuenta de que los alfajores serían su futuro: «Me di cuenta que eso me gustaba, que iba a salir adelante con los alfajores y que iban a pasar a ser mi medio de vida». Las primeras ventas no ocurrieron en un local con vidriera, sino en la ruta. Ella viajaba hasta Confluencia, donde estaba el Automóvil Club, y continuaba hasta Villa La Angostura para vender puerta a puerta.
Con el tiempo, el negocio consolidó un circuito mensual de distribución que recorre Neuquén, Cipolletti, Senillosa, Plottier y Piedra del Águila, un recorrido que continúa hasta hoy aunque ahora con otra conductora. La hija de Patricia está al frente de la fábrica, trayendo energía e ideas nuevas que, según reconoce la fundadora, «a todo proyecto le hace falta».
La pandemia fue una oportunidad para Alfajores Del Montañéz. Abrieron una tienda online y ampliaron su presencia en distintos puntos del país. La propuesta se diversificó con chocolates, licores y dulces, y este año reabrieron una heladería que Patricia tuvo años atrás. La marca se volvió inseparable del territorio: la frase «no te podés ir de Traful sin llevarte alfajores» que escuchaba repetidamente de los visitantes se convirtió en una realidad y en el mito fundacional del negocio.
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