El referente central del rock argentino, Indio Solari, falleció este viernes por la mañana a los 77 años, dejando una obra que marcó a generaciones y trascendió lo musical para convertirse en un fenómeno cultural. El músico murió en su domicilio de Parque Leloir, en la localidad bonaerense de Ituzaingó. Se realizará la autopsia correspondiente por protocolo para establecer con precisión la causal de muerte.
En el tramo final de su carrera, Solari mantuvo un perfil bajo y siguió produciendo desde el aislamiento, con exploraciones en nuevos sonidos y formatos digitales. Sus últimos años estuvieron marcados por una intensa actividad artística, una reclusión residencial estricta y una reconversión tecnológica que le permitió seguir creando música, imágenes y discursos.
La última etapa pública de Solari estuvo atravesada por el avance del Parkinson, enfermedad que confirmó en marzo de 2016 durante un recital en Tandil. Ante miles de personas, el músico dijo entonces: “el Parkinson me anda pisando los talones”. Esa frase marcó un punto de inflexión en su vínculo con los escenarios.
El avance de la enfermedad impactó de lleno en su rutina y en su capacidad física para sostener presentaciones en vivo. Un año más tarde, el 11 de marzo de 2017, ofreció su último recital presencial en Olavarría, ante una multitud estimada en 300.000 personas. Su última aparición pública conocida fue en enero, cuando envió un mensaje al recibir el título de Doctor Honoris Causa de la Universidad de Buenos Aires.
De perfil históricamente esquivo a los medios tradicionales, el Indio construyó una mística basada en el silencio, la distancia y una relación directa con su público a través de su obra. Esa decisión, sostenida durante décadas, reforzó su condición de artista enigmático y amplificó el impacto simbólico de cada una de sus apariciones públicas.
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