Vivir cerca de avenidas con tránsito intenso, soportar ruidos durante la noche o atravesar períodos prolongados de estrés aumenta el riesgo de infartos y accidentes cerebrovasculares. Especialistas argentinos advierten que la prevención cardiovascular debe incorporar factores ambientales que suelen pasar inadvertidos, según se analizará en el 52° Congreso Argentino de Cardiología, organizado por la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) entre el 14 y 16 de octubre en La Rural, en Buenos Aires.
Koji Antonio Ishino, cardiólogo y asesor del Consejo de CardioEcología de la SAC, explicó que el control tradicional de factores de riesgo no es suficiente. «El corazón no vive separado del ambiente. Una persona puede controlar su presión, su colesterol y los demás factores de riesgo tradicionales, pero al mismo tiempo estar expuesta todos los días a aire contaminado, ruido o estrés sostenido», señaló.
Los especialistas utilizan el concepto de «exposoma» para describir el conjunto de factores ambientales y sociales a los que una persona está expuesta durante su vida. Incluye las condiciones de vivienda y trabajo, la alimentación, el descanso y las sustancias contaminantes. Esta perspectiva cobra particular importancia en grandes conglomerados urbanos como el Área Metropolitana de Buenos Aires, donde conviven tránsito intenso, emisiones industriales y contaminación sonora.
Las cifras internacionales dimensionan la magnitud del problema. Según la Organización Mundial de la Salud, el 99% de la población mundial respira aire que supera los límites recomendados de contaminación. En el congreso, especialistas argentinos y europeos analizarán cómo la contaminación, el ruido, las temperaturas extremas y el estrés sostenido influyen sobre las enfermedades cardiovasculares.
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