El Gobierno prepara un plan de rescate para la economía real ante la crisis que atraviesa el país. La Unión Industrial Argentina (UIA) le presentó al Ejecutivo un escenario de urgencia, advirtiendo que sin incentivos en el corto o mediano plazo, el daño sobre la producción y el empleo será de muy difícil retorno. Ante este riesgo, principalmente en el entramado pyme, el oficialismo ofreció un plan soft que valida los reclamos pero condiciona cualquier alivio a la restricción fiscal.
La cúpula fabril, encabezada por Martín Rappallini, llevó cinco urgencias estructurales al encuentro con Pablo Lavigne, secretario coordinador de Industria y Comercio, y Daniela Ramos, subsecretaria de Industria. Los empresarios pidieron reactivación, abaratamiento del financiamiento productivo, agenda tributaria con AFIP, reducción del costo de la energía y freno a la competencia desleal por contrabando. Lavigne mostró «recepción» de los reclamos pero impuso una directiva clara: avanzar solo en medidas que tengan margen fiscal.
La gremial empresaria eligió la construcción y su cadena de valor como sector prioritario para impulsar. Según supo PERFIL, acordaron con el Palacio de Hacienda enviar una nueva propuesta de régimen de incentivos para dinamizar un rubro que tracciona muchos otros. El esquema sería una especie de «RIGI y RIMI», algo «en el medio», explicaron las fuentes consultadas. Ambos sectores coinciden en que los esquemas de promoción implementados hasta ahora fueron efectivos para generar anuncios de inversión.
La preocupación de la UIA se intensificó con un dato particular: la actividad metalúrgica se hundió en agosto un 3,9 por ciento. Este derrumbe sistemático de la actividad refleja la urgencia que enfrenta el entramado productivo nacional en medio de la crisis económica.
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