Los resultados de las pruebas PISA, organizadas por la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), volvieron a poner la educación en el centro del debate. Argentina se ubicó en el puesto 62 en Lectura, 75 en Matemática y 71 en Ciencias entre 91 países evaluados. Sin embargo, lo más preocupante trasciende los números locales: Andreas Schleicher, director de las pruebas PISA, alertó sobre «la caída global en las puntuaciones de lectura» y resultados bajos en matemáticas a nivel mundial.
Después de 20 años de mediciones y propuestas educativas, se registra un derrumbe global de la enseñanza y el aprendizaje. La OCDE atribuye esta situación a una drástica disminución del interés de las familias por el desempeño escolar de sus hijos e hijas. El organismo internacional plantea que la labor docente debería «ampliarse» para que los maestros actúen como «grandes entrenadores y buenos facilitadores, que se interesen genuinamente por quiénes son sus alumnos y en quiénes quieren convertirse».
Entre sus conclusiones, la OCDE establece que los estudiantes «necesitan responsabilizarse de su propio aprendizaje a lo largo de su vida», considerando que el aprendizaje es una actividad permanente de actualización y reconversión de habilidades. Estas recomendaciones anticipan un fortalecimiento de propuestas educativas adaptadas a las inquietudes y habilidades de cada estudiante, dejando de lado la enseñanza por asignaturas tradicionales.
Las conclusiones del organismo también sugieren un mayor énfasis en educación socioemocional y campañas para que los estudiantes se financien sus propios estudios. Asimismo, bajo el argumento de involucrar más a las familias, se promoverá que estas tomen mayor control sobre la educación.
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