El Movimiento Popular Neuquino (MPN) atraviesa un proceso de reorganización interna sin precedentes en sus seis décadas de existencia. Tras la irrupción del liderazgo del gobernador Rolando Figueroa en abril de 2023, el histórico partido provincial enfrenta la pérdida del monopolio del poder que ejercía en Neuquén, lo que lo obliga a redefinir su identidad política y su rol en el nuevo escenario provincial.
Desde abril del 2023, la política neuquina transita lo que se describe como un «laboratorio de reconfiguración inédito». El debilitamiento alcanza no solo al MPN, sino también al peronismo y el radicalismo, partidos que durante décadas intercalaban su representatividad según los ciclos políticos. La irrupción de Figueroa «reseteo las viejas estructuras» y las obligó a buscar nuevas identidades adaptadas a los tiempos actuales.
El MPN ingresa formalmente en un período de transición bajo condiciones que jamás enfrentó: la de haber dejado atrás el monopolio del poder central. Los intendentes del partido han sabido leer con precisión las nuevas formas de hacer política, reconociendo la transversalidad propuesta por el modelo que hoy hegemoniza la provincia. El proceso interno para elegir nuevas conducciones en la Junta de Gobierno y la Convención Provincial refleja este reordenamiento.
El partido se embarca en un lento proceso de renovación generacional y estratégica. Septiembre será el mes en el que se tomarán decisiones de cara al 2027, aggiornándose a las nuevas costumbres que llegaron para quedarse. El MPN comprendió que resistir desde el dogmatismo lo conduciría a la irrelevancia, por lo que optó por permitir que sus dirigentes se adapten a una transversalidad oficialista que supo dialogar con los territorios.
El modelo actual demostró que el poder no emana de un único sello partidario, sino de la articulación de consensos. Esta lección marca un quiebre con la lógica que caracterizó al MPN durante sus décadas de hegemonía en la provincia.
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