A los 84 años, falleció Antonio Gasalla, el comediante que supo desmenuzar con sarcasmo y crudeza los rasgos más reconocibles de la sociedad argentina. Su legado incluye personajes icónicos como Mamá Cora, la Empleada Pública y Soledad Dolores Solari, quienes desde el teatro y la televisión reflejaron, con humor corrosivo, los vicios y contradicciones del ciudadano promedio.
Gasalla murió tras un largo deterioro de su salud. Su diagnóstico de demencia senil progresiva en 2020 lo alejó definitivamente de los escenarios y la pantalla, dejando atrás una carrera que trascendió el café concert y lo convirtió en un referente de la sátira nacional.
Fue pionero en llevar el humor de vanguardia a la televisión sin perder su esencia crítica. Desde El Palacio de la Risa hasta sus inolvidables participaciones junto a Susana Giménez, marcó a generaciones con su estilo mordaz y su capacidad para interpelar a través de la risa.
Su presencia en Esperando la Carroza inmortalizó a Mamá Cora, convirtiéndola en un ícono de la cultura popular argentina. Pero su arte iba más allá de un solo personaje: en cada interpretación, Gasalla le puso rostro a las miserias y costumbres de un país que, entre carcajadas, se vio reflejado en su espejo.
Con su partida, el espectáculo argentino pierde a uno de sus grandes capocómicos, un artista que transformó la ironía en una radiografía de la realidad.