La Sala III de la Cámara de Apelaciones en lo Civil de Neuquén estableció un límite importante para los conflictos de propiedad familiar: el permiso de un pariente para construir en un terreno no se convierte en derecho de propiedad por el paso del tiempo. El fallo, firmado el 21 de agosto por las juezas Marcela Serrano y Cecilia Pamphile, confirmó que una mujer podrá recuperar la parte trasera de su terreno, donde su hijo y su nuera vivían desde 1999.
El caso toma relevancia porque aborda una práctica frecuente en los barrios de Neuquén: la construcción de viviendas en el fondo del terreno de los padres. Cuando la convivencia se rompe, muchas de estas situaciones terminan en juicio. En esta oportunidad, la resolución judicial analizó en detalle los conflictos intrafamiliares que rodean estas ocupaciones de propiedad.
El aspecto más importante del fallo es una advertencia sobre cómo evaluar estos casos. Las camaristas sostuvieron que la usucapión —el mecanismo legal que permite adquirir un inmueble por el paso del tiempo— debe analizarse con «una rigurosidad que se agrava» cuando la ocupación ocurre en el marco de «relaciones de tolerancia subyacentes a vínculos familiares». Esto significa que a un hijo que vive en el terreno de su madre se le exige más que a un desconocido para demostrar que se volvió dueño.
No basta con haber estado en el lugar durante muchos años. Según el fallo, el ocupante debe probar que en algún momento dejó de reconocer al propietario original como tal y lo excluyó del lugar con actos concretos. El Código Civil y Comercial es explícito al establecer que nadie puede cambiar su relación con una cosa «por su mera voluntad, o por solo el transcurso del tiempo».
En el caso específico, la vivienda construida en el terreno tenía 66,6 metros cuadrados, con cocina comedor, dos habitaciones y baño. Un perito ingeniero determinó las características de la construcción que fue levantada hace casi tres décadas en el patio familiar.
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