La economía argentina pierde impulso en medio de una crisis de empleo que contradice el relato oficial de recuperación. El INDEC informó que el PBI cayó 0,6% en el segundo trimestre respecto del primero, cortando la expansión de 0,7% registrada en los primeros tres meses del año. Simultáneamente, el desempleo subió al 7,9% y la informalidad alcanzó el 45%, según datos del organismo.
Aunque la contracción no configura aún una recesión técnica —que requeriría una nueva caída en el tercer trimestre—, la tendencia enciende señales de alerta. Un indicador adelantado de la Universidad Torcuato Di Tella elevó al 82% la probabilidad de que la actividad ingrese en fase recesiva durante los próximos seis meses. El cambio de dirección ocurre cuando distintos indicadores muestran pérdida de dinamismo en la economía.
La debilidad se concentra en los principales motores de crecimiento. En el primer trimestre, el consumo privado había crecido 0,8% trimestral, mientras que la inversión cayó 1,7% frente al trimestre anterior y 11,6% interanual. Las exportaciones, por su parte, retrocedieron 3,1% trimestral. Según el economista Nicolás Parreira, director de Grupo Sigma, estos componentes ya mostraban pérdida de fuerza antes de conocerse el dato oficial.
La película parece no haber cambiado mucho durante el segundo trimestre en términos de inversión y consumo privado. El panorama económico se complica a medida que las metas oficiales comienzan a quedar más exigentes y la combinación de caída del PBI con aumento del desempleo e informalidad genera un escenario de mayor incertidumbre para los próximos meses.
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