Neuquén celebra su 122° aniversario con una escena cultural en plena expansión que va más allá de su tradicional identidad vinculada a la actividad petrolera. Graffiti, música, danza y moda conviven en distintos puntos de la capital patagónica, donde una nueva generación de artistas encuentra en estas disciplinas una forma de expresarse y construir la identidad urbana de la ciudad.
El cambio es visible en las calles. Para Pabla Arias, artista urbana e ilustradora conocida como «Miss Ojos», el crecimiento del grafiti es cada vez más evidente. «No puedo dar una estadística, pero todos los días nace un grafitero o grafitera nueva. Eso se puede observar en los nuevos tags que aparecen en las paredes», explica. Cada firma, dibujo o mural convierte a Neuquén en un archivo a cielo abierto y en una forma de apropiación del espacio público.
En el campo musical, Camilo Bilardo, conocido como «Bilar», comenzó a producir beats durante la preadolescencia y encontró en la música una manera de expresar lo que necesitaba comunicar. Hoy busca transmitir mensajes a su generación explorando diferentes géneros, desde el folclore y el tango hasta el rap, el rock nacional y la música urbana. «La música es mi hoja de calcar», señala. Para él, Neuquén tiene una escena artística con mucho potencial, aunque todavía permanece escondida detrás del miedo o de nombres que parecen tener más peso.
La danza también ocupa un lugar en esta transformación cultural. Las hermanas Lu y Flor Granchelli, de 21 años, encontraron en el K-pop y la danza una forma de expresión y encuentro: enseñan, participan en competencias y comparten sus coreografías en redes sociales. Estos artistas, muchos de ellos autodidactas o formados a través de redes sociales, marcan un nuevo ritmo en la capital: el de un entramado cultural en construcción que convive con la tradicional actividad económica de la región.
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