Argentina se adhirió el 26 de junio a la Pax Sílica, una alianza impulsada por Donald Trump para controlar la cadena de suministros de la industria tecnológica mundial. El embajador Alejandro Oxenford representó al país en el acuerdo oficial anunciado por la Cancillería. Sin embargo, un mes después persisten las dudas sobre los compromisos específicos que asumió la gestión de Javier Milei.
La iniciativa busca asegurar el acceso global a tecnologías avanzadas y minerales críticos, con el objetivo explícito de contener el avance de China como mayor productor tecnológico. Jacob Helberg, subsecretario de Asuntos Económicos de Estados Unidos, sostiene que «si el siglo XX se basó en el petróleo y el acero, el siglo XXI se basa en la computación y los minerales que la alimentan». La adhesión de Argentina se inscribe en el alineamiento de Milei hacia Estados Unidos.
La falta de información pública sobre los términos de la Pax Sílica genera interrogantes en el Congreso. PERFIL intentó comunicarse con la Cancillería y con Oxenford para obtener detalles, pero no obtuvo respuesta. Este vacío de transparencia coincide con otras iniciativas del gobierno: el RIGI, la reforma de la Ley de Glaciares, el Plan Nuclear Argentino y la eliminación de límites para compra de tierras por extranjeros.
Las dudas se intensifican por la posible vinculación con el RA-10, un reactor nuclear que se comenzó a desarrollar en 2010 en la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA). Este desarrollo tecnológico es considerado uno de los más valiosos del país, y su futuro bajo el acuerdo con Trump permanece sin aclararse.
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