Luciana Barrera, de 45 años y oriunda de Espartillar, provincia de Buenos Aires, transformó un oficio aprendido en la niñez en un exitoso emprendimiento de chalecos deportivos en Neuquén. Tras años de desafíos personales y trabajos temporales, la emprendedora encontró en la costura la herramienta para reinventarse y formar parte del mundo del running en la provincia.
Barrera llegó a Neuquén en 2012 junto a sus dos hijos, Benjamín y Josefina, buscando un nuevo comienzo después de una etapa difícil. Con apenas 12 años, aprendió a coser de la mano de su madre, una habilidad que inicialmente era una ayuda en casa y que, con el tiempo, se convirtió en la base de su proyecto. Su hermano, ya instalado en la provincia, la animó a dejar Bahía Blanca y emprender el viaje al sur.
Los primeros años en Neuquén fueron complejos. Con la necesidad de generar ingresos para su familia, Luciana aceptó diversas oportunidades laborales, realizando arreglos de costura y trabajando en empresas del rubro. «Había meses que parecían años», expresó sobre las largas jornadas que no siempre alcanzaban para cubrir las necesidades, mientras buscaba un futuro mejor para sus hijos.
En su camino, Barrera también exploró otras vocaciones, como la locución, trabajando en la radio LU5. Sin embargo, la dinámica laboral la obligaba a pasar muchas horas fuera de casa, lo que la llevó a priorizar la crianza de sus hijos y dejar ese empleo. Más tarde, encontró trabajo en una ferretería, pero fue su destreza con las agujas, hilos y retazos de tela lo que finalmente la llevó a crear su marca de chalecos deportivos en la provincia.
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